LOS ASESINOS Y SUS MOTIVOS
Los gemelos Pedro y Pablo Vicario, de 24 años, esperan a Santiago Nasar en la tienda de Clotilde Armenta. Con cuchillos de matarifes en las manos, anuncian abiertamente sus intenciones a cualquiera que quiera escucharlos. Lo irónico es que parecen desear que alguien les impida cumplir con lo que consideran su obligación.
La causa del crimen se revela: la noche anterior, Bayardo San Román, tras casarse con Ángela Vicario (hermana de los gemelos), la devolvió a casa de sus padres al descubrir que no era virgen. Cuando la familia le preguntó quién le había quitado la honra, Ángela pronunció el nombre: "Santiago Nasar". Esta simple acusación, sin prueba alguna, selló el destino del joven.
Los hermanos, criados en una cultura donde el honor familiar debe lavarse con sangre, se sienten obligados a vengar a su hermana. Sin embargo, la tensión entre el deber y el deseo es palpable. Pedro Vicario, el más autoritario, toma la decisión inicial, pero es Pablo quien insiste en llevarla a cabo cuando Pedro muestra dudas.
El coronel Lázaro Aponte, alcalde del pueblo, les quita los cuchillos cuando se entera de sus planes, pero no los arresta, pensando que solo son bravuconadas de borrachos. Este error de juicio será fatal, pues los gemelos simplemente buscan otros cuchillos y siguen adelante con su plan.
A medida que avanza la mañana, más y más personas se enteran de la amenaza. El padre Amador, el coronel, Victoria Guzmán, Clotilde Armenta... todos saben que van a matar a Santiago, pero nadie logra advertirle a tiempo.
Reflexiona sobre esto: El verdadero misterio de la novela no es quién matará a Santiago, sino si realmente fue culpable de lo que le acusan. García Márquez deja sembrada la duda de que Ángela pudo haber pronunciado su nombre para proteger a alguien más, confiando en que nadie se atrevería contra él.