Primera fase: cuando las máquinas llegaron a los talleres
Inglaterra fue la pionera en incorporar máquinas al proceso productivo textil, y esto cambió para siempre la forma de trabajar. Antes, los artesanos estaban organizados en gremios donde el oficio se heredaba y la producción estaba muy reglamentada.
En los talleres artesanales tradicionales solo trabajaban el maestro (dueño), el oficial y el aprendiz. El maestro garantizaba las condiciones de vida de todos, proporcionando comida, techo y vestido. Era como una gran familia laboral.
Pero cuando llegaron las máquinas, todo se transformó. Los campesinos fueron desalojados de sus tierras para dedicarlas a la cría de ovejas (más rentable), y los artesanos fracasaron ante la competencia de las nuevas fábricas. Ambos grupos migraron a las ciudades buscando trabajo.
Los talleres se vieron obligados a cambiar drásticamente: aumentaron el número de trabajadores, apareció la división del trabajo (cada persona se especializaba en una sola tarea), y surgieron máquinas como la lanzadera (1733), la hiladora Jenny (1765) y el telar mecánico (1785). El crecimiento demográfico también jugó un papel clave, pues había más gente disponible para trabajar.
Realidad impactante: Muchos pueblos de 5,000 habitantes se multiplicaron por 10 en solo 30 o 40 años, pero no estaban preparados para tantas personas.