El Fin del Nadaísmo
El 26 de septiembre de 1976, la historia del nadaísmo tomó un giro trágico cuando su fundador, Gonzalo Arango, falleció en un accidente automovilístico en la carretera entre Bogotá y Villa de Leyva. Un camión se le atravesó, poniendo fin a la vida del profeta nadaísta.
La tragedia dio un sentido crudo y profético a la última frase de su manifiesto: "No llegar es también el cumplimiento de un destino". Estas palabras, escritas años antes, parecieron anticipar el final abrupto tanto de su vida como del movimiento que había creado.
Con la muerte de Arango, el nadaísmo perdió a su principal impulsor, aunque su legado continuó inspirando a generaciones posteriores. Como el propio movimiento había declarado: "Los nadaístas vendimos el alma al diablo, no a cambio de la inmortalidad sino de la vida", una filosofía que privilegiaba la intensidad de la experiencia por encima de todo.
🚫 "El movimiento que nació proclamando la muerte de la poesía tradicional, terminó encontrando su propio final en las carreteras colombianas, cerrando un ciclo de rebeldía que transformó la cultura del país".