La Cima de la Verdad
Al llegar casi a la cima, el caballero encuentra un canto rodado con una inscripción: "Aunque este universo poseo, nada poseo, pues no puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo conocido".
Comprende que debe soltar las últimas seguridades a las que se aferra: sus creencias, juicios e identidad. Sam le insta a confiar y dejarse ir, aunque esto signifique caer al abismo.
Con los dedos ensangrentados y sin fuerzas para seguir sosteniéndose, el caballero se suelta y cae. Durante la caída, se desprende de todos los juicios que había hecho contra otros y acepta toda la responsabilidad por su vida.
En ese momento de claridad absoluta, algo extraordinario ocurre: comienza a "caer hacia arriba", llegando a la cima de la montaña. Al abrazar lo desconocido, se ha liberado.
Ahí, el caballero experimenta una conexión total con el universo. Sus sentidos se agudizan y siente un amor inmenso por todo lo que le rodea. Las lágrimas de gratitud que derrama son tan calientes que derriten el último resto de su armadura.
Una nueva luz, más brillante que la de su pulida armadura, irradia de él. Ya no necesita demostrar nada a nadie, porque ha descubierto su verdad más esencial: él es uno con todo, él es amor.